La verdadera escasez del bitcoin

Hoy te traigo el primer artículo dentro del blog que abarca otra de mis pasiones, el bitcoin.

Hay muchas cosas que hacen que esta “nueva” tecnología me fascine, e iré escribiendo acerca de todas ellas con el paso del tiempo. Pero ahora quiero hablarte acerca de algo que la hace única… su escasez.

¿Son los recursos realmente limitados?

Tal y como maravillosamente explica, el economista de la escuela austríaca, Saifedean Ammous en su libro “El patrón Bitcoin” (recomendadísima lectura), la creencia de que los recursos son escasos y limitados proviene de un malentendido de la naturaleza real de la palabra escasez, que es un concepto clave en economía.

En economía, se habla de escasez de recursos frente a determinada necesidad. No se entiende por escaso aquello que es poco, sino que las posibilidades de utilizarlo u obtenerlo son limitadas. Limitadas porque no se es capaz de asignar suficiente tiempo, esfuerzo o capital (entre otras cosas) para obtenerlo.

Por lo tanto, la cantidad de materia prima presente en La Tierra, no constituye un límite real a lo que el ser humano puede producir a partir de ella o extraer para darle uso. Podríamos incluso decir, que dicha cantidad es demasiado grande como para que el ser humano la mida o comprenda… hay mucha más de la que podemos conseguir.

Llevamos miles de años extrayendo minerales de nuestro planeta, y ni siquiera podemos decir que hayamos rascado la superficie. Cuanto más profundo vamos, más encontramos.

Así que, volviendo al término económico, lo que en realidad constituye un límite realista en cuanto a la obtención de un recurso, es la cantidad de tiempo humano que ponemos a trabajar para obtenerlo.

Pudiendo concluir con que el único recurso realmente escaso (aparte del bitcoin), es el tiempo humano.

El tiempo humano determina el valor de las cosas

En el libro “El Último Recurso”, del economista Julián Simón, se explica cómo el único recurso limitado y, de hecho, a lo único que de verdad se le podría llamar recurso es al tiempo humano.

Siempre se puede producir más de algo, si se dedica más tiempo humano a hacerlo. Por lo tanto, el coste real de un bien, es siempre el coste de oportunidad de estar dedicando tiempo a producir ese en lugar de estar produciendo otro.

Explicado de otro modo, ¿qué estoy dejando de ganar por estar minando plata en lugar de minar oro? ¿Y dejando de ganar por plantar y recolectar patatas en lugar de cebollas?

En toda la historia de la humanidad, nunca nos hemos quedado sin una materia prima. Es más, debido a los cada vez mayores avances tecnológicos, se requiere de menos tiempo para extraerlos o producirlos, por lo tanto, estamos en el punto histórico en el que más barata es la materia prima.

No solo no nos hemos quedado sin alguna materia prima, si no que el número de puntos de extracción no hace más que aumentar, pues cada día consumimos más recursos y estos no dejan de aparecer cuando sabes cómo encontrarlos.

Para que los recursos pudiesen de verdad ser entendidos como finitos, las reservas que tenemos deberían decrecer con el tiempo conforme aumenta nuestro consumo y demanda. Y no sólo no decrecen, si no que aumentan, cada vez son más baratas y nuestros avances tecnológicos nos permiten extraerlos de forma más eficiente y encontrar más y más yacimientos.

Los valores refugio

Por lo tanto, cualquier objeto que los humanos escojan para ser un valor refugio subirá de valor al demandarlo la gente. Esto hará que se destine más tiempo a producirlo o extraerlo. Lo que hará que suba la oferta y vuelva a caer el precio del bien, perdiendo así su calidad/cualidad como valor refugio.

Te ilustraré esto con un ejemplo práctico:

Imagínate que un individuo acaudalado decide gastarse una gran cantidad de millones en comprar cobre, pues cree que es un buen valor refugio y que mantendrá a salvo el poder adquisitivo de su capital a lo largo de los años.  Al principio, la oferta existente de cobre, adaptada para la demanda del momento, se resiente fuertemente tras esta gran compra. Esto hace que, durante un periodo corto de tiempo, el cobre se convierta en un bien económicamente escaso… lo que hace que su valor en el mercado aumente.

Esto lanza al mercado a más y más compradores atraídos por la subida, lo que hace que el precio del cobre siga y siga creciendo. Al poco tiempo, los productores y mineros de cobre, así como otros emprendedores atraídos por esta nueva oportunidad, deciden que es más rentable que antes el destinar una mayor cantidad de recursos a la extracción de este metal. Deciden emplear más tiempo a esta actividad debido a que su precio de comercialización lo justifica y pueden obtener grandes ganancias.

¿El resultado? Pronto aumenta tremendamente la oferta, superando la demanda (al no haber tantos inversores para satisfacerla), pues extraer más cobre es factible a esos precios, lo que hace que el precio baje. Entonces, la mayoría de inversores, que fueron atraídos por el aumento de precios y el miedo a la pérdida, venden haciendo bajar más el valor del metal.

De repente, los productores, mineros y emprendedores a los que de pronto les era rentable destinar más tiempo y recursos a la actividad, pierden dinero haciéndolo y se retiran. No han pasado más que, quizá, unos meses y el precio, oferta y demanda del cobre vuelven a los niveles de antes de que el acaudalado individuo comprase millones en cobre… que también se ha retirado al ver que su idea de convertir algo que realmente no es finito en un valor refugio, carecía de fundamentos.

Tan solo el oro ha estado cerca de solventar el problema de la inflación que siempre ha habido con todo lo que, a lo largo de la historia, ha sido considerado dinero.

El oro es de las pocas cosas de las que, aunque no se acaben, no ha podido extraerse en demasía (…al menos hasta ahora). Esa es la principal cualidad que lo ha convertido en un gran valor refugio a lo largo de la historia. El patrón oro resultó en uno de los períodos económicos más gloriosos de la historia. Hasta que llegó Nixon y lo abolió, porque le dio la gana.

Si, has leído bien. Principalmente porque le dio la gana. Así pueden llegar a ser los gobiernos. Provocó grandes desajustes en el Sistema Monetario Internacional y apareció una fuerte inflación debido a la expansión desmedida del crédito. Los bancos centrales tenían ahora más margen de maniobra a la hora de imprimir dinero… haciendo que el nuestro cada día valga menos en nuestro bolsillo. Pero bueno, todo esto, al igual que el hecho de que un gobierno no pueda ejercer este tipo de restricción en el bitcoin, es tema para otro artículo…

El bitcoin

Y así llega el bitcoin con una de sus asombrosas facetas técnicas. Por primera vez, la humanidad tiene acceso a un bien cuya producción es estrictamente limitada. No importa lo que se haga, sólo existirán 21 millones de bitcoin.

Al no poder aumentar la oferta, si se demanda más, sólo puede aumentar su valor. Y dado que cada bitcoin se divide en 100 millones de satoshis, hay un inmenso potencial de crecimiento al poder utilizar fracciones cuando el precio explote y, además de ser aprovechado como el mejor valor refugio por sus características técnicas de escasez, la gente lo utilice para transacciones diarias.

Al haber sido todas las formas existentes de dinero ilimitadas en su oferta, también han sido imperfectas como valores refugio.

El bitcoin es la forma más barata de comprar el futuro, pues es el único bien que no puede ser degradado. No importa cuanto suba su valor, su oferta no puede ser inflada por empresarios atraídos a producirlo o por gobiernos que desearían “imprimirlo”.

En el año 2140 no se podrá producir ni uno más. Es la primera vez que conocemos un bien así, con un límite estricto… como el tiempo humano.

Bitcoin es la mejor tecnología para ahorrar jamás inventada. El auténtico valor refugio.

¡Comparte esto con el mundo! Poco a poco las personas empezarán a entender lo que durante más de 10 años han tenido delante y ha pasado para muchos desapercibido ?

Te dejo con un vídeo en el que hablo acerca del arbitraje, un concepto para sacarle rentabilidad a tus bitcoin y capital. ¡No te lo pierdas!

Hasta pronto.

Un abrazo,

Jacinto Ribas